martes, 27 de enero de 2009

¿Quo vadis Europa?

Recientemente acudí a un seminario organizado por el Instituto Europeo del Mediterráneo en la ciudad de Barcelona. En él se trataron temas relacionados con nuestros vecinos del Mare Nostrum. Uno de los ponentes explicó que la cooperación europea con sus vecinos de la ribera sur está atascada debido a que Europa atraviesa una profunda crisis, económica, en parte, pero sobre todo de identidad. ¿Quo vadis Europa? parecía ser la pregunta. Antes es preciso saber cuáles son nuestras raíces.
El sociólogo alemán Max Weber fue de los primeros en percibir la aspiración universal de muchas de las creaciones europeas. La ciencia moderna, por ejemplo, es una invención de Occidente que tiene valor universal. Igualmente lo son el liberalismo, la separación entre la sociedad civil y el Estado o entre la religión y el Estado, el Estado de derecho, el Estado social, la democracia, las convenciones, declaraciones o cartas –que precisamente se llaman universales- de los derechos. Éstas y otras son creaciones originarias y propias de Occidente, en su mayor parte del Occidente europeo, que nacieron en una determinada época de su historia, se afirmaron e impusieron en otras partes del mundo y pretenden tener un valor universal. Así lo explica el filósofo y ex-Presidente del Senado italiano, Marcello Pera.
En mayor o menor medida, el cristianismo ha influido en cada uno de estos cambios decisivos. Es sin duda la tradición que más influjo ha ejercido en la historia de Occidente. Dice el filósofo David Lodge: “Europa no puede entenderse sin su historia, y su historia ha sido cristiana la mayor parte de los últimos dos mil años. El cristianismo se refleja en la arquitectura de nuestras ciudades, en las obras de arte de nuestros museos, en nuestras tradiciones literarias e incluso en nuestro calendario.”
Por eso no se entiende que la Primera Constitución europea se redactase en términos que parecen olvidar estos hechos. Al fin y al cabo muchas de nuestras acciones históricas han sido impulsadas por el cristianismo: la reconquista española, las cruzadas medievales, las guerras religiosas, la reforma protestante y la contrarreforma católica, las luchas contra el Imperio Otomano, la colonización de Ámérica, etc.
De nuevo Marcello Pera: “otra aportación europea con valor universal, es el concepto del hombre como individuo responsable de sus acciones.” Y es en este aspecto donde la integración de personas de diferentes culturas y religiones choca con el concepto de Europa: no tanto la cultura laica frente a la religiosa, que también, sino la autonomía del individuo frente al grupo.
El pensador y escritor Germán Gullón opina que la existencia de una constitución europea emana de la necesidad percibida por los ciudadanos de la UE de preservar la identidad europea, imperfecta si se quiere, pero con unas fuertes raíces de tradición cultural judeo-cristiana. Y coincido también con él en que la invitación a los inmigrantes para integrarse en las sociedades continentales debe incluir una condición inamovible: su respeto a la pluralidad europea, sólo posible a través de su europeización, a su vez, la mejor garantía de su completa integración en nuestra sociedad occidental.
No deseamos una sociedad formada por un mosaico de gentes y culturas que luchen entre sí por el poder. La constitución tiene que garantizar la legitimidad y permanencia de la cultura que identifica Europa con la libertad.



La indignación del islam (El Universo 21.09.06)

En la película Ana y el Rey protagonizada por Yul Brynner y Deborah Kerr, el monarca del antiguo reino de Siam monta en cólera al enterase de que en Occidente les consideran bárbaros e incivilizados. Cegado por la rabia decide castigar a la siguiente delegación europea que pise su territorio. Ana, mujer y, por tanto más sutil y mejor conocedora de los hombres, le aconseja otro modo de actuar. Agasajarles: organizar una exuberante recepción en su honor para que vean el elevado grado de desarrollo de su cultura. La estratagema tiene éxito. Al regresar a sus países, los europeos se deshacen en alabanzas hacia los excelentes modales del monarca.
Hoy nuevamente arde la calle en países musulmanes. Al igual que cuando la publicación de las caricaturas de Mahoma, la cólera ha vuelto a estallar entre los fieles de esta religión tras las palabras pronunciadas en Ratisbona por el papa Benedicto XVI, consideradas insultantes para el Islam y su Profeta.
El discurso del Santo Padre era una crítica a la difusión de la fe por la violencia. “Sus consideraciones, - como explica el analista del Corriere della Sera, Magdi Allam - citando al emperador bizantino del siglo XIV, Manuel II Paleólogo, sobre la difusión del Islam por medio de la espada, ya por parte de Mahoma dentro de la Península Arábiga, ya por parte de sus sucesores en el resto del mundo (con algunas excepciones), son un hecho histórico incontrovertible. Lo atestigua el propio Corán y la realidad de la conquista del Islam del conjunto del imperio bizantino en el este y en el sur del Mediterráneo, amén de la sucesiva expansión hacia el norte de Europa y hacia el este de Asia.”
Negar la realidad histórica únicamente genera insensatez. A lo largo del devenir humano, ninguna otra religión ha sido tan combativa como el Islam a la hora de difundir su fe. Desde sus orígenes en el siglo VII d.C. hasta Bin Laden, el Islam ha recurrido constantemente a la violencia para extender su mensaje. Este hecho es particularmente cierto a lo largo del creciente bloque islámico de naciones que se extiende desde la protuberancia de África hasta el Asia Central.
También, en un acto que no ha tenido reflejo en el mundo musulmán, el Papa Juan Pablo II pidió públicamente perdón por las barbaridades cometidas por la Iglesia católica a lo largo de su historia.
Pero no es ese el tema. El Papa ha buscado a los sectores más moderados del Islam para hacer un llamamiento en contra de la guerra santa. Ha denunciado que el uso de la violencia, venga de donde venga, para obtener la fe de los no creyentes va en contra de la razón y de Dios. Ha argumentado que fe y razón son compatibles. La respuesta ha sido violencia irracional. Viendo en la prensa las caras de ira de los musulmanes que hoy exigen una rectificación a Benedicto XVI mientras queman su efigie, uno no puede más que pensar qué le ocurriría si escribiese este artículo en aquellos remotos lugares. Al contrario que en la película, ha prevalecido el punto de vista del rey y no el de Ana.
Son los propios musulmanes los que con su reacción asocian violencia y religión y rechazan el diálogo entre civilizaciones. Existen opiniones moderadas en el Islam pero faltan más voces que denuncien la violencia terrorista fundamentalista, la ausencia de autocrítica, la intransigencia y la intolerancia. El premio Nobel egipcio, Naguib Mahfuz, recientemente fallecido, era un ejemplo de valentía, pero también, tristemente, una excepción.


Irán y la bomba nuclear (07.09.06)

Mientras la ONU, la UE, y, sobre todo, EEUU intensifica sus esfuerzos para impedir que Irán desarrolle armas nucleares, el representante especial de Rodríguez Zapatero en la Alianza de Civilizaciones, Máximo Cajal, cuestiona que el régimen iraní no pueda disponer de armamento atómico.
En su libro El retorno de la antigüedad, Robert D. Kaplan explica cómo la política internacional sigue siendo una cuestión de qué es lo que uno puede hacerle a otro. En términos hobbesianos, la capacidad de castigar. Efectivamente, la principal lección que nos dejó la Guerra Fría es que el arma nuclear dota a su dueño de un enorme grado de impunidad. Si en 1991 Saddam Hussein hubiese dispuesto de armas nucleares para amenazar a EEUU o a cualquiera de sus aliados, ¿se habría actuado para liberar a Kuwait y defender los intereses energéticos de todo Occidente? ¿Por qué se intervino en Kosovo y no en Chechenia?
El reciente conflicto entre Israel y Hezbolá ha puesto de manifiesto cual es, realmente, el tema clave en Oriente Próximo. Irán ha sido el único beneficiario de esta guerra inconclusa. El actual régimen iraní aspira a ser la potencia regional dominante en la zona y, con su actual presidente, a exportar su revolución fundamentalista a otros países musulmanes. Para ello quiere conseguir el arma atómica. Mediante la exaltación del sentimiento anti-occidental por la publicación de unas caricaturas o el recrudecimiento del conflicto palestino-israelí a través de su hechura Hezbolá (un arma que volverá a utilizar cuando lo crea necesario), Irán distrae la atención mundial de su programa nuclear, ganando tiempo para enriquecer uranio. Además, al verse reforzado, Teherán podría lanzar una campaña contra las fuerzas norteamericanas en Irak, usando milicias chiíes y fuerzas paramilitares iraníes. También podría expandir su influencia en Afganistán, contribuyendo así a desestabilizar aún más el Oriente Próximo.
Si Irán se hiciese con armas nucleares, las consecuencias para la región y Occidente serían muy peligrosas. Una de las principales voces de la disidencia iraní, Azar Nafisi, autora del espléndido libro, Leyendo a Lolita en Teherán, y que actualmente reside en EEUU, opina que de conseguirlas se las entregaría, sin duda, a Hezbolá, Siria e incluso Al-Qaeda. Por otro lado, es poco probable que el Estado judío esté dispuesto a consentir que un país cuyo presidente ha expresado recientemente que Israel debería ser borrado del mapa, se convierta en potencia atómica. No se puede descartar un ataque similar al de 1981 contra Irak por parte de la aviación israelí. Tal eventualidad provocaría una crisis regional que podría devenir en global, dada la convergencia en la zona de intereses energéticos de muchos países, algunos de ellos nucleares.
Una prestigiosa revista estadounidense de temas internacionales publicaba recientemente un artículo que decía: “la clave para resolver el problema nuclear iraní radica en el destino del movimiento democrático del país”, y que el régimen iraní quiere contar con una bomba nuclear “por la misma razón por la que lo hace todo: su empeño monomaníaco de autopreservación”. ¿Qué deberían hacer EEUU y sus amigos? Parece que sólo la creación de un autogobierno moderado en Irak, Irán y otros Estados de la región traerá una paz duradera y la no-proliferación. Eso pretende EEUU. Hacia eso deberían intensificar sus esfuerzos NNUU y la UE.
No lo hará así el actual régimen de Teherán.



Zapatero no ha leído a Clausewitz (El Universo 29.06.06)

Lo dijo Clausewitz: “la paz sin derrota es claudicación.” Los aficionados a la historia habrán leído cómo, de forma simultánea, mientras los diplomáticos se reunían en salones para negociar los términos de la paz, generales y soldados se batían el cobre en el campo de batalla para poder inclinar la balanza de la negociación a su favor.
Aquí en España, hace unas semanas asistimos a la cuarta manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) desde que Zapatero es Presidente del Gobierno. Esta manifestación era una protesta contra el aspecto institucional de la política antiterrorista de nuestro actual dirigente pero sobre todo contra su contenido moral.
Desconfianza. Las víctimas y una gran parte de la sociedad española no se fían de este gobierno y mucho menos de ETA en esta aventura negociadora en la que se han embarcado. Cada vez más, temen que este presidente esté dispuesto a pagar un precio político por el fin de la violencia.
Los motivos para desconfiar de ETA son evidentes y los estamos viendo estos días en el juicio a los asesinos de Miguel Ángel Blanco: no ha renunciado a ninguno de los objetivos por los que ha asesinado a casi mil personas y no han pedido perdón a las víctimas. Las razones para desconfiar del PSOE son numerosas: su manera de comportarse tras el 11-M, la revelación de que los contactos entre PSOE y ETA-Batasuna se remontan a antes de que Zapatero llegara a la Moncloa, el relevo de Fungairiño, uno de los jueces más batalladores contra el terrorismo, que el Presidente eluda contestar al líder de la oposición si tiene o no compromisos con ETA, etc.
Recientemente la Vicepresidenta de la Vega afirmaba que en España ya no existe terrorismo. Días después varios diarios nacionales publicaban que empresarios vascos y navarros siguen sufriendo extorsión y, por tanto, amenazas por parte de la banda terrorista. La última noticia al respecto indicaba que miembros de ETA, vigilados por la policía, transportaron dinero recaudado mediante la extorsión a Francia sin ser detenidos. Gracias a la intervención de un juez valiente se arrestó a varios miembros de la organización terrorista. El Ministro del Interior respondía diciendo que esto no afectará a la negociación. Ahora nos enteramos de que este mismo juez aparta de las investigaciones al responsable de la lucha contra ETA por temor a filtraciones e injerencias. Y por si fuera poco, ha sido revelada una conversación, grabada por las fuerzas de seguridad, en la que un dirigente del PSE pedía a un recaudador de ETA que fuera benevolente con un conocido suyo.
El terrorismo es una cosa muy seria que hay que enfrentar con absoluta firmeza. No hacerlo conlleva pisotear al Estado de Derecho y a las víctimas. Y es que en la lucha contra el terror DEBE haber vencedores y vencidos y aquéllos tienen que ser los que eligen vivir en democracia y no al margen de ella. Porque aunque todos queramos la paz, esa paz no puede existir si las víctimas no encuentran el consuelo de una victoria moral y una reparación judicial.
¿Sabe este gobierno lo que es terrorismo? Si lo desconoce, difícilmente podrá combatirlo. Y si sabe lo que es, ¿cómo es posible que dirija una política antiterrorista tan titubeante y plagada de rectificaciones?
En España las víctimas de ETA han llevado siempre su pena y su desgracia con enorme dignidad confiando en que al final se haría justicia. Robarles ese derecho y esa esperanza es una canallada.


Un monstruo tras otro (El Universo 22.06.06)

Apenas han transcurrido un par de semanas desde que dos F-16 norteamericanos hicieran saltar por los aires la guarida de Abu Musa al Zarqaui, y el Decapitador de Bagdad ya tiene sucesor. Se llama Abu Hamza Al Muhayer.
Según indicó el portavoz militar estadounidense en Bagdad, Mayor General William Caldwell, Muhayer se entrenó en Afganistán y es experto en explosivos; es una figura clave de Al Qaeda en Irak y es el responsable de facilitar el movimiento de combatientes extranjeros de Siria a Bagdad. También precisó que es un terrorista desde 1982, empezando por su implicación en la Yihad Islámica Egipcia, que estaba dirigida por el número dos de Osama bin Laden, Ayman al Zawahiri.
En el comunicado de Al Qaeda donde se informa sobre este hecho, Muhayer es descrito como un "hermano respetable" con "un pasado de yihad (guerra santa) y grandes conocimientos". Al igual que su antecesor, con seguridad es un paranoico peligroso que cree que hay que imponer la fe de Mahoma en todo el mundo y a toda costa. Como dice el periodista Alfonso Rojo, tendremos noticias suyas en breve y muy negras.
Zarqaui deja tras de si un estremecedor reguero de sangre incluyendo decapitaciones en directo, como la del ciudadano norteamericano Nicholas Berg. Muhayer, en su empeño por hacerse un nombre, lo dejará también. Para ambos, el terror es tanto un medio como un fin.
El primero impulsó su liderazgo matando a civiles iraquíes y azuzando la violencia entre suníes y chiíes. Su desaparición es una buena noticia para el conjunto de los iraquíes que se han librado de un sanguinario terrorista, reconocido culpable de los peores crímenes cometidos en los últimos años en aquel país. Esto merece ser recordado a la hora de juzgar la contundencia de los medios utilizados por el ejército norteamericano para actuar en este caso.
La eliminación del terrorista más buscado en Irak ofrece la oportunidad al nuevo gobierno para cambiar la situación. Pero la aparición de su sustituto obliga a abandonar cualquier sentimiento de euforia, porque ya sabemos que el esquema de organización yihadista permite a los terroristas seguir actuando más allá de la desaparición física de uno de sus cabecillas.
Abu Graib, Guantánamo, al igual que los hechos recientes en la aldea iraquí de Haditha, donde murieron civiles, han supuesto para Estados Unidos críticas durísimas. En el caso de la cárcel iraquí, los culpables fueron condenados. Y la Cruz Roja ha denunciado la situación de los presos en la base de Cuba porque se le ha permitido el acceso a ellos. En el último caso, los marines implicados han sido absueltos por las investigaciones por considerar que era zona de alto riesgo (9 soldados habían perdido la vida la semana anterior, uno por la explosión de un artefacto casero) y que respondían a fuego enemigo.
Aún así algunos son incapaces de llamar a las cosas por su nombre e insisten en conceder el beneficio de la duda a sospechosos de ser terroristas extranjeros antes que a hombres y mujeres de uniforme. A estos les recordaré que mientras el asesinato de civiles es y continúa siendo una excepción en la historia militar americana, es y seguirá siendo el estilo de vida de los yihadistas.

De viñetas y códigos (El Universo 08.06.06)

Es difícil recordar otro libro que haya cautivado tanto la imaginación popular como "El Código Da Vinci" de Dan Brown. Ahora, la proyección de la película dirigida por Ron Howard aumenta la atención sobre sus alegatos respecto a Jesucristo y la Iglesia Católica.
He visto la película y no me ha gustado. El director ofrece una aproximación fría y aburrida a los estrambóticos sucesos relatados en la novela. La duración es excesiva y los flashbacks históricos resultan caricaturescos. La resolución de la trama es confusa. No hay emoción ni suspense y, a pesar de las buenas interpretaciones de Jean Reno e Ian Mckellen, uno acaba preguntándose si Tom Hanks es el actor más adecuado para este papel.
No voy a detenerme en los datos históricos que refutan las tesis del libro. Me interesa la reacción de la Iglesia Católica.
Aunque la película no ha gustado en los círculos católicos, no han ardido Embajadas ni ha habido cineastas asesinados. No se han producido disturbios de ningún tipo ni ha muerto nadie. Las amenazas de muerte han brillado por su ausencia. La contundente respuesta de la Iglesia Católica ha sido desde la reflexión; firme pero dentro del diálogo con aquellos que piensan diferente. Se ha respondido con la fuerza de la razón aportando documentos, argumentos e ideas. Desde la tolerancia y la ciencia se ha defendido una postura de fe.
Todos aquellos que acusan a la Iglesia Católica de intolerante y que piden sensibilidad hacia otras creencias que no siempre lo son, deberían reflexionar sobre esto.
Pensemos por un momento cuál sería la reacción frente a una novela y película basadas en una conspiración de los judíos para dominar al mundo, similar a la falsificación fraguada por la policía secreta del zar de Rusia, en el siglo XIX, bajo el título "Protocolo de los Sabios de Sión". O imagínese un libro sobre una investigación de la religión islámica, donde el protagonista es perseguido por fanáticos islámicos por descubrir que el Corán fue una mentira y que Mahoma no fue un profeta.
Afrontémoslo, el hecho de que "El Código Da Vinci" sea históricamente incorrecto y que se trate de una andanada inflamatoria en contra del catolicismo, es lo que lo convierte en aceptable. En mi opinión ese parece ser el verdadero mensaje que nos queda. Mientras gran parte del mundo rechaza la tolerancia como virtud, se puede decir cualquier cosa contra el catolicismo y nada pasará.

Izquierda y democracia (El universo 01.06.06)

En una entrevista reciente en el diario El Mundo (16-IV-06), el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, afirmaba que la derecha en este país le ha enseñado que es la izquierda la que hace avanzar la democracia.
Curiosamente, semanas después, la Audiencia Provincial de Madrid, condenaba a penas de cárcel a tres policías por la detención ilegal de dos afiliados al Partido Popular, la oposición, por una supuesta agresión a Bono, Ministro de Defensa, durante una manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. El Delegado del Gobierno en Madrid tuvo que presentar su dimisión y el escándalo ha salpicado al entonces Ministro de Interior y hoy de Defensa, José Antonio Alonso.
No hace falta remontarse a la Guerra Civil, eso nos queda muy lejos. Miremos a la Transición, donde comienza realmente la historia democrática española. Ese momento histórico en el que las principales fuerzas políticas del país trabajaron conjuntamente para establecer un proyecto político común y de convivencia para todos los españoles.
Basta una consulta en las hemerotecas para recordar los años ochenta del siglo pasado español, esos a los que Francisco Umbral se refiere como la década roja porque así debió ser y no lo fue. Escándalos financieros, escuchas ilegales desde el Centro Nacional de Inteligencia (entonces CESID), corrupción, terrorismo de Estado, pérdida de la confianza ciudadana en las instituciones. El tiempo le concedió al PSOE doce años de gobierno, y no sólo no lo hizo bien, sino que Felipe González acabó encarnando la ocasión perdida del socialismo español. Los españoles esperaban iniciar una época de regeneración y de libertad. Creían que él realizaría la política liberal, europeísta, financiera y modernizadora que le hacía falta a España. No fue así.
Hoy, de nuevo gobiernan los socialistas y de nuevo da la sensación de que el Estado de Derecho en España se resiente. La falta de sentido de Estado de Zapatero le hace preferir una alianza electoral con partidos minoritarios nacionalistas y radicales a una con el principal partido de la oposición que representa a medio país. Se aprueba el Estatuto para Cataluña con el menor apoyo y consenso de la democracia. Arrestan a dos militantes del PP de manera ilegal. El gobierno nos quiere vender un proceso de paz con la banda terrorista ETA que ésta viene a desmentir un día sí y el otro también. Flota en el aire la sospecha de que el gobierno está dispuesto a pagar un precio político por que ETA deje de matar. Las víctimas del terrorismo etarra se sienten vejadas y agraviadas por el gobierno. El portavoz del partido socialista en el Parlamento compara al principal partido de la oposición, que llevó a cabo una guerra sin cuartel contra ETA y que representa a 10 millones de españoles, con Herri Batasuna, el brazo político de la banda terrorista.
Este gobierno da miedo por que da la sensación de que está dispuesto a entregar España a los nacionalistas y a los terroristas a cambio del poder eterno. Para ello es necesaria la marginación política del PP, el otro partido con capacidad y posibilidad de gobernar. Y esto viola por completo el principio democrático de la alternancia política.
No, no parece que sea la izquierda la que hace avanzar la democracia en España.